30 de marzo de 2009

2 DE ABRIL - Los últimos colonos argentinos

"Día del veterano y de los caídos en la guerra de Malvinas"...

Me estuve preguntando si éste feriado sería de "primera" o de "segunda", ya que en nuestra Argentina tenemos de las dos categorías. Con una búsqueda rápida en Google me enteré de que es inamovible desde junio de 2006, y me sentí bien porque pensé que no lo era.
Quiero aclarar que yo soy de las que esperan los feriados con ansias, (muchos dicen que son malos para el país, yo digo que son buenos para descansar el espíritu), y el hecho de que algunos sean "móviles" me posibiltó durante muchos años (que fueron laborales para mí) el poder viajar a Córdoba o a Santa Fé a visitar a mis familiares.
Pero me pregunto con insistencia y sin respuesta: ¿Con qué criterio se clasifican a los feriados que son "vacacionables" y los que no? ¿Acaso San Martín o Belgrano no están en la "primera" de nuestra historia?
Uf, con Google no se encuentran respuestas a esas preguntas.
Así y todo yo creo que: o todos los feriados nacionales deberían ser móviles, o ninguno. Y más parece razonable lo último, mal que le pase a mis fines de semana largos...

Pero volvamos al 2 de abril, que ya se avecina, y que será feriado el jueves como corresponde.
Como ya todos por aquí sabemos, ese día del año 1982 las tropas argentinas desembarcaron en Las Malvinas pretendiendo restablecer así nuestra soberanía sobre ellas, desplazando a los ingleses.
Yendo bastante más atrás en el tiempo, y llegando al fin al tema al que aludo en el título, quisiera recordar a los últimos argentinos en residir en las islas cuando éstas aún eran parte del territorio nacional.
Un grupo de colonos de variados origenes que se animaron a pelearle al frío y a la lejanía, se instalaron allí en 1829 con el fin de criar ganado (vacuno y bovino), pescar, poner en funcionamiento un saladero para luego exportar carne a Brasil, sembrar vegetales y cereales para consumo propio, desarrollando a la par varias tareas más.
Transplantaron especies desde las otras islas y desde el continente, aprovechando la fertilidad propia de la abundante turba del lugar. Con la madera recogida en la Isla de los Estados y piedra, levantaron sus hogares (preparativos éste y otros que les tomaron años antes de la llegada de las flias.), hornearon pan, bebieron agua de manantial, abundante mate, y licores (a la usanza de la época), no tuvieron iglesia ni cura (a pesar de pedirlo nunca se lo enviaron desde Bs. As.), pero sí convivieron los rituales de los habitantes de raza negra con las costumbres cristianas de los patrones. Tampoco tuvieron médico estable. Marineros amigos y también enemigos recalaron en la "pulpería" para embriagarse con ginebra los locales, con cerveza los foráneos.
Y fundamentalmente hubo familias, hombres-mujeres-niños, viviendo en armonía y con grandes ansias de superación, hasta 1.931, año en que los gobernandores - inversionistas de las islas
debieron escoltar barcos piratas (de bandera norteamericana e inglesa) hacia Buenos Aires, para nunca más volver. Dichos barcos se encontraban pescando en aguas territoriales sin permiso y sin avenirse a pagar el cánon correspondiente, tarea de la cual debían hacerse cargo de hacer cumplir los mismos colonos... ya que el gobierno nacional no mandaba flotas que se encargaran de hacerlo.
Llegando entonces al continente, los norteamericanos eludieron a la justicia allí también, y aprovechando la crisis diplomática que se genera, envían una misión a Las Malvinas contra los "piratas" argentinos que allí quedaron trabajando y a la espera del regreso de la familia gobernadora. Los encargados de llevar adelante tal misión, destruyen casas, saquean, matan ganado, toman prisioneros, todo con el fin de seguir pescando de manera ilegal en la zona, aunque sin interesarse en sí por las islas.
Este hecho desencadenó una serie de sucesos funestos que derivan en la toma de Las Malvinas por parte de la fragata inglesa Clío, el 2 de enero de 1.833, fecha desde la cual los ingleses detentan la soberanía sobre las islas, a pesar de que sus colonos llegaron a instalarse allí mucho tiempo después.
La familia de "patriotas" que gobernó en nombre de la República Argentina por última vez en Las Malvinas se apellidaba Vernet y Sáez. Perdieron todo su esfuerzo humano y todo su capital debido a la falta de interés político por conservar la soberanía en las islas. (Cabe recordar que ésto ocurrió durante la presidencia de Rosas, y siguió ocurriendo durante la de fulano, y mengano y zutano, hasta llegar al día de hoy... que todavía seguimos reclamando soberanía y anhelando ver flamear en las Malvinas nuestra hermosa bandera celeste y blanca, en honor a todos los que lucharon por ESE LEJANO SUELO ARGENTINO)

*A quienes les interese conocer más sobre la vida de estos colonos argentinos en las islas, y el por qué las perdimos, recomiendo que lean el libro que he tomado como fuente, llamado:
"NOSTALGIAS DE MALVINAS"
escrito por Silvia Plager y Elsa Fraga Vidal.

13 de marzo de 2009

COMUNICACIÓN EN LA ACTUALIDAD

AYER escuchaba el programa de radio Metro y medio*, y en una de sus secciones semanales sus conductores elegían un orden de preferencia a partir de tres medios de comunicación usados en la actualidad, que son: teléfono, mail y chat.
Desde luego podríamos agregar más ítems dentro de los medios que nos ofrecen esa posibilidad hoy en día, pero para el caso las tres elegidas son un buen ejemplo.
Para mi sorpresa, los conductores eligieron casi todos el siguiente orden: mail - teléfono - chat, dejando a éste último practicamente fuera de la clasificación.
En mi caso diré que estoy de acuerdo con ese orden, aclarando que al hablar de mail se refirieron a cartas propiamente dichas. Pero hasta ayer que me puse a reflexionar sobre eso, podría haber dicho que en primer lugar estaría el teléfono, ya que le dá al otro la posibilidad de responder en vivo y en directo, y hasta de redireccionar la charla en otro sentido distinto del que uno hubiera pretendido. La carta en cambio no deja que el otro se exprese en el momento sobre lo que le estamos diciendo, y puede que eso sea injusto para él. Insisto: eso pensé desde un tiempo a esta parte hasta ayer.
Esos motivos me llevaron a abandonar casi por completo el hábito de escribir buenas cartas, salvo a mis sres. padres que durante años fueron destinatarios de mis misivas a la vieja usanza (leasé: por correo). Paradójicamente, con la llegada del e-mail, ya casi no les escribo, y con ellos sigue ganando el teléfono (y sería injusto no agregar aquí a los mensajes de texto que nos "comunican" a diario). Como contrapartida, mi sra. madre me sigue enviando sus más bonitas páginas en papel.
Pero volviendo a las cartas, muy a su favor tienen el tiempo que uno dedica al otro mientras las escribe. Tiempo para pensar y expresar lo que uno desea con calma, pausa y tranquilidad. Tiempo para compartir con el otro cuando el otro también quiera y pueda darse ese tiempo, y lea, y piense, y diga para sí "tengo grandes deseos de responder esta carta", que por tal o cual motivo, ha tocado su espíritu, habiéndolo encendido, o enardecido, o lo ha hecho reir, o lo ha hecho felíz, o lo ha enojado, o lo ha alegrado. O quién sabe cuantas sensaciones más puede desatar una simple carta, ya sea en papel, ya sea desplegada en una pantalla de PC.
Asi que reivindico desde aquí a las cartas como el más bonito medio de comunicación que tenemos a mano los seres humanos, salvo, siempre y cuando, que podamos estar frente a frente, y mantener la comunicación con una mirada, con un gesto, con un silencio, o con una larga y abierta conversación entre dos personas que se quieren.

*http://metroymedio.metro951.com/

7 de marzo de 2009

HOY OPINA UN PROCER

CUANDO leo una cita pienso en que expresa una verdad... para quien la escribe. Aquellos que a lo largo del tiempo nos vamos encontrando con ellas, casi siempre opinamos algo sobre lo que enuncian, y luego, como por carácter transitivo, de quien las escribe.

Según si la cita encaja en determinado momento con nuestro volátil pensamiento, o no, su autor gozará de nuestra admiración, o por el contrario, si no estamos de acuerdo o no compartimos el concepto, lo vapulearemos sin dudar ni un instante.

Y digo volátil pensamiento porque si leemos otras citas de un mismo autor, a lo largo del tiempo, puede que encontremos en él, cambios y contradicciones sobre sus mismas afirmaciones. Es decir que nada es tan absoluto como parece, y las convicciones de hoy, pueden no ser las de ayer, ni las de mañana...

Así comienzo a citar estas pequeñas partecitas del pensamiento que nos han dejado como perlas perdidas en el océano, algunos de nuestros reconocidos próceres.


La palabra "prócer", según el diccionario, se refiere a una persona de alta distinción social, respetada o de dignidad elevada. Otra definición aclara que eso ocurre dentro de su entorno y mismo estrato social, y que generalmente la usamos en Latinoamérica para referirnos a los héroes de nuestra independencia.


En mi apreciación de estudiante de colegio primario de los años 70, un prócer era cualquier personaje que participara de la vida pública y política de Bs. As., desde 1810 hasta Sarmiento. Con el tiempo y con un poco de lectura, fuí descubriendo que próceres hubo muchos más de los que merecieron que le cantemos un himno. Estuvieron desde antes de 1810 y sobrepasaron la época de Sarmiento, desperdigados en un inmenso territorio más allá del Río de la Plata, héroes olvidados, a veces ignorados, a veces hombres, a veces mujeres. Y vale la pena el viaje al pasado, para reconocerlos en nuestro presente.


Vayan aquí unas citas, entonces, para meternos un poquitito en el pensamiento de estas gentes.


Comienza la sección el sr. LUCIO V. MANSILLA (quien a su vez en esta cita parafrasea a otro):


"Amar es renunciar uno a sí mismo por otro, ha escrito no ha mucho tiempo Tolstoi. Yo escribí hace treinta años: Donde no hay sacrificio no hay amor".


Pero también dijo, refiriéndose posiblemente a una mujer ranquel que conoció en las tolderías, y quizás también a su propia esposa, que quedaba en la casa durante largos períodos sin él:


"Detrás de mí entró una sombra. A la luz moribunda del candil (...) me pareció ver una mujer. Estas mujeres se le aparecen a uno en todas partes. Nos aman con abnegación. ¡Y tan crueles que somos después con ellas!"