7 de marzo de 2009

HOY OPINA UN PROCER

CUANDO leo una cita pienso en que expresa una verdad... para quien la escribe. Aquellos que a lo largo del tiempo nos vamos encontrando con ellas, casi siempre opinamos algo sobre lo que enuncian, y luego, como por carácter transitivo, de quien las escribe.

Según si la cita encaja en determinado momento con nuestro volátil pensamiento, o no, su autor gozará de nuestra admiración, o por el contrario, si no estamos de acuerdo o no compartimos el concepto, lo vapulearemos sin dudar ni un instante.

Y digo volátil pensamiento porque si leemos otras citas de un mismo autor, a lo largo del tiempo, puede que encontremos en él, cambios y contradicciones sobre sus mismas afirmaciones. Es decir que nada es tan absoluto como parece, y las convicciones de hoy, pueden no ser las de ayer, ni las de mañana...

Así comienzo a citar estas pequeñas partecitas del pensamiento que nos han dejado como perlas perdidas en el océano, algunos de nuestros reconocidos próceres.


La palabra "prócer", según el diccionario, se refiere a una persona de alta distinción social, respetada o de dignidad elevada. Otra definición aclara que eso ocurre dentro de su entorno y mismo estrato social, y que generalmente la usamos en Latinoamérica para referirnos a los héroes de nuestra independencia.


En mi apreciación de estudiante de colegio primario de los años 70, un prócer era cualquier personaje que participara de la vida pública y política de Bs. As., desde 1810 hasta Sarmiento. Con el tiempo y con un poco de lectura, fuí descubriendo que próceres hubo muchos más de los que merecieron que le cantemos un himno. Estuvieron desde antes de 1810 y sobrepasaron la época de Sarmiento, desperdigados en un inmenso territorio más allá del Río de la Plata, héroes olvidados, a veces ignorados, a veces hombres, a veces mujeres. Y vale la pena el viaje al pasado, para reconocerlos en nuestro presente.


Vayan aquí unas citas, entonces, para meternos un poquitito en el pensamiento de estas gentes.


Comienza la sección el sr. LUCIO V. MANSILLA (quien a su vez en esta cita parafrasea a otro):


"Amar es renunciar uno a sí mismo por otro, ha escrito no ha mucho tiempo Tolstoi. Yo escribí hace treinta años: Donde no hay sacrificio no hay amor".


Pero también dijo, refiriéndose posiblemente a una mujer ranquel que conoció en las tolderías, y quizás también a su propia esposa, que quedaba en la casa durante largos períodos sin él:


"Detrás de mí entró una sombra. A la luz moribunda del candil (...) me pareció ver una mujer. Estas mujeres se le aparecen a uno en todas partes. Nos aman con abnegación. ¡Y tan crueles que somos después con ellas!"

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