21 de abril de 2009

Hoy colabora un invitado: Gerardo y un homenaje a su abuelo

Don Antonio --------Aún Hoy necesitaría escucharlo, a pesar de que poco hablaba, pero cuando lo hacía, era una ceremonia. Cuanto peso en sus palabras.

Recuerdo en esas mañanas frías, ir corriendo a verlo, saltando veredas rotas, desparejas. El me recibía sonriente, ¡ah!, y me tomaba mi agitado pulso; siempre. El, bien abrigado, nariz colorada, su caminar maltrecho y el infaltable bastón casero. Había tejido en mimbre tantas canastitas como historias vividas. Cómo habrá querido ese hombre a su tierra, que en cada canasto que podía, inscribía el nombre de su pueblo natal, “Molise”.

Cultivando su quinta, me enseñó los valores, el respeto y también a regar sus almácigos…Gran madrugador, su pava, el mate a la hora de los gallos, sus rezos, su interminable paciencia. Supo construir una gran familia, y a pesar de los años mantenerla unida.

La guuerra como el decía, e historias de su país devastado, lo habrían marcado a fuego. Inundaciones, hambre, pero jamás nada peor que una guerra, decía. Sus medallas por el combate y una bala en su pierna no daban lugar a dudas. Rezaba, rezaba mucho.

Aún recuerdo ese gran reloj de pared en su habitación y sus largas campanadas, con el que también me enseñó de la paciencia. La guerra parecía seguir ensañado con él hasta en sus últimos días; Malvinas…

Su muerte detonó el fin de mi inocencia, me arrancó la niñez. No podía ser. Quisiera seguir creyendo que hasta el Papa vino por él, el día de su muerte…

Cuánto le debo a mi abuelo, la enseñanza, su paciencia, sus rezos…

17 de abril de 2009

Ojo con la fracesita...

..."Yo soy así... para bien y para mal..."
Hace poco me enrostraron esta frase, y como si ella tuviera vida propia, quise cazarla del pescuezo.
Lamentablemente sigue suelta, y se la ve demasiado por ahí. Muchos se la apropian, y se escudan bajo su aparente inocencia, en su liviandad. "Tomálo o dejálo". "Si te gusta o no te gusta... me dá igual"
Creo que el primer paso para cambiar un rasgo negativo de nuestra personalidad, es reconocerlo, enfrentarlo, y ahora podría, sí que puedo, tomarlo del pescuezo, y samarrearlo hasta que caiga, vencido, quebrado, hecho trizas, y que desaparezca, para que al fin, a nadie, ni a mí misma, le sea para mal.