21 de mayo de 2009

Conversaciones

Desde que dejé de trabajar en mi profesión, en el rubro de óptica, muy pocas veces pienso en lo vivido allí durante tantos años. Desde luego, mis ex-compañeros que ahora son mis amigos, forman parte de muuuchos recuerdos, pero mejor aún, están en mi presente, por eso los excluyo en este caso de los pensamientos que mencioné al principio.
Lo que me viene a la mente cuando recuerdo mi antiguo trabajo, es la cantidad de gente con la que tuve oportunidad de hablar, y los muy poquitos que dejaron algo más que palabrerío hueco. La óptica (y en particular el gabinete de contactología), es un sitio especial que se diferencia de un simple comercio, ya que el hecho de que el cliente-paciente tome asiento frente al técnico, hace que el primero se sienta listo para arrancar con el parloteo (mientras tanto el jefe te lanza miradas de león enjaulado porque quiere simplemente que vendas...). Entonces comienza ese momento único y mágico de la comunicación, en el que dos personas pueden conectarse... o en el que uno monologa sin sentido, y el otro escucha pidiendo ¡por favor!...¡que la termine!... y eso es lo que ocurre lamentablemente en la mayoría de los casos (y encima con total desparpajo se te levantan y se van...¡sin comprar!!!!!!)
Esa necesidad compulsiva por hablar y hablar de mucha gente (y en muchos otros ámbitos además del de la óptica) siempre me llamó la atención, y nunca pude compartirla ni mucho menos practicarla; jamás entraría a un comercio y comenzaría a hablarle sin parar a la pobre víctima que está presa detrás del mostrador. Sin embargo me tocó ser durante años esa víctima que escuchó taaaaantas cosas, que a la larga no me dejaron nada, más que ¡eso sí!, saber distinguir en el acto a un buen conversador del que no lo es... y podría decir que, aunque sea eso, algo aprendí en definitiva, y es bastante...
Sin embargo, hubo esos poquitos momentos que no se olvidan, cuyos protagonistas sí han dejado su huella en mis recuerdos. Y a todo esto viene al caso recordar a un buen señor que era marino, su casa un barco, su patria el mar. En breve pero intensa charla, me dejó una reflexión suya que no olvido: él decía que uno debía pararse a pensar dónde quería estar dentro de "diez" años, y a partir de ese conocimiento trazar un mapa que nos dijera dónde tendríamos que estar dentro de "nueve" años para llegar a esa meta, pero antes de eso había que saber dónde estar dentro de "ocho", y así sucesivamente hasta llegar al presente...

¿El lugar donde me encuentro hoy, me lleva a donde quisiera estar mañana?

Les dejo esa pregunta, y una reflexión que salió al pie de la última página del diario:
"Lo importante es no estar cambiando de planes constantemente".

P.D.: Dedicado con todo cariño a mis amigotes ópticos,¡ que siguen en el ruedo con la frente en alto! ¡Los quiero mucho!

6 de mayo de 2009

Schopenhauer deja su opinión...


"No combatáis la opinión ajena. Pensad en que si se quisiera disuadir a la gente de todo lo que dicen y creen, no se acabaría aún cuando se alcanzara la edad de Matusalén."


Al leer esta frase pensé con gracia que su autor podría haberla enunciado para este humilde blog. Y mejor aún, al adentrarme en su enorme mundo de citas, encontré que a lo largo de su vida (Alemania, 1.788-1.860) parece ser que se contradijo en algunas.
Es que este señor, dicen, tuvo muy mala relación con su madre, llegando al punto ésta de desheredarlo, y él de culparla moralmente por el suicidio de su padre. Así, parece ser que todas las mujeres "pagaron el pato", llevándolo a escribir (tiemblen, chicas...) cosas como estas :

"La mujer representa una especie de capa intermedia entre el niño y el hombre"
"La mujer paga su deuda con la vida, no por lo que hace, si no por lo que sufre"
"El defecto fundamental del carácter femenino consiste en que no tiene sentido de la justicia"

Estas opiniones y otras más sobre la mujer le valieron la antipatía de muchos, además de una bien ganada fama de misógino. Pero al término de sus días nos encontramos con una frase como para retractarse de las anteriores (chicas, sean benévolas, algo es algo...), y dice así:

"No he dicho la última palabra sobre las mujeres, creo que cuando una mujer logra sustraerse a la masa, es decir, sobresalirse por encima de ella, es capaz de engrandecerse ilimitadamente y más que los propios hombres."

Bueno, cabe agregar que muchos otros de sus conceptos sobre diversos temas, son realmente interesantes y muy acertados, de lo que se desprende que aquí he resaltado lo más nefasto, pero reconociendo la magnitud de su pensamiento, que sin duda lo hizo uno de los grandes filósofos de su tiempo.