8 de agosto de 2009

Microcuento

Aquí les dejo otro cuentito. Surgió a partir de una consigna dentro de un grupo de "microcuentistas". El tema, libre, aunque debían incluírse las palabras: "gruta- lienzo-manantial-azul"


EL ASCETA


Entró a la gruta con la firme intención de lavar sus pecados.
Despojado de sus vestimentas, solo traía un lienzo a manera de taparrabos.
Pensaba purificarse dejando de lado todos los alimentos; sobreviviría bebiendo del agua pura del manantial. La atmósfera azul conferida al ambiente por las paredes de piedra circundantes, le ayudaría a concentrarse en lo único importante.
Pasado cierto tiempo, consideró que ya estaba listo para salir del encierro autoimpuesto, y así lo hizo, con gran esfuerzo.
Lo que vió lo llenó de desconcierto: el mundo que había dejado, ya no era el mismo ante sus ojos gastados. Con resignación, volvió a internarse en su gruta, para nunca más salir.


El ascetismo tiene su origen en Oriente, hace miles de años. Su práctica en Occidente comenzó en Grecia, y fue adoptado por diversas religiones en todo el mundo.
El microrrelato que precede esta brevísima reseña, expresa lo que pienso del mismo. Quizás algún comedido lector tenga interés de dejar su opinión por estos lados...

18 comentarios:

SIL dijo...

Yo creo Lauri que el mundo exterior nunca cambió, pero ya él no era el mismo.
Cuando logramos el complicado y a veces imposible objetivo de ser mejores, ya nada es del mismo color para nuestros ojos.
PRECIOSO.
UN ABRAZO GIGANTE.
SIL

Lauri dijo...

Sil:
Efectivamente, lo que vos creés es lo que le ocurrió.
¡Me encanta tenerte por acá!
Besos!!!!!

Isabel de León dijo...

Todo cambia...nosotros al irnos, ellos al perdernos...

Gracias x tu comentario...pasare x aqui!!

Saludos de la chica.

Martín dijo...

O será que el encierro cambia el interior en lugar del exterior? Me inclino por lo primero. Buen micro! Un beso

Johan Bush Walls dijo...

Ya lo dice la dialéctica del desarrollo, "lo único permanente es el cambio".

Aunque yo estoy seguro que algunas personas no cambian nunca.

Salú pue.

julio dijo...

Pues yo diría que este buen hombre no consiguió su propósito de acercamiento a Dios, porque si lo hubiera conseguido, ¿qué le importaría cómo estuviese el mundo exterior?

En mi opinión no hay que ser un asceta para conseguir lo que se proponía :)

A todo esto, ¿y Dios, qué es?

Un abrazo

Lauri dijo...

Isabel: Que bueno verte por acá.
¡Gracias por pasar a opinar!

Martín: Sí señor, es así como ud.dice.
¡Lo suyo con los microcuentos es contagioso!... (Y hace su parte don Estéban también, ¡otro maestro!)

Don Johan: Creo que de hecho el cambio se vá sucediendo de forma permanente, pero en distintos estratos, digamos, emmm..., algunos nunca cambian, aunque mucho de lo que los rodea lo vaya haciendo periódicamnete... y el pobre asceta de mi cuento... cambió, y ni siquiera se dió cuenta...
Muy acertada su observación, ¡un honor tenerlo por acá!

Julio: ¡AY, JULIO!... Siempre haciendo trabajar las neuronas, es fácil leerte, y sos simple para entenderte, ¡pero, ay, que no es fácil responderte!
Primer párrafo: Acertadísimo... cambió, pero no supo entender lo que le había pasado y atribuyó las diferencias al mundo circundante. Y como al pasar el tiempo de su aislamiento el mundo seguramente iría cambiando, eso no debiera haberle afectado.
Segundo párrafo: Me alegra saber que estamos de acuerdo!!!!
Tercer párrafo: que preguntilla... yo sé por dónde tengo que buscar la respuesta... pero es así, tengo que buscar...
Gracias por movilizar el interior de esa manera tan especial que siempre lo hacés.
¡Hasta pronto!

Esteban Dublín dijo...

Lauri, con respecto a tu pregunta, debo decir que me picaste la lengua. Por allá te dejé mi respuesta.

Maricel dijo...

Cortito y contundente. Excelente microcuento!
Cada vez estoy mas convencida que "el afuera, los otros" no existen como tales, son proyecciones de nuestros estados internos. El lugar que habitamos y del que no podemos escapar está dentro nuestro, por eso es importante estar en paz con uno mismo, intentar conocerse. Eso de prestar atención a uno, consecuentemente hace bien a los demás, aunque suene extraño.

Besos querida amiga.

Lauri dijo...

Maricelin:
Clap!Clap!Clap! Muuuuy buuuueno lo tuyo... que terrible existencia para el que quiera escapar de sí mismo...
Nada más acertado que el hecho de estar bien con uno mismo, se proyecta hacia los demás, y también cambia nuestra forma de percibir a los otros.
Me alegra muchísimo que te haya gustado el cuentito.
Te quiero mucho, amiga, y gracias a leerte te extraño un poquito menos... ¡Abrazóte!

Víctor dijo...

Terminadas mis vacaciones regreso a la rutina y leo tu blog. Lo prometido es deuda. Gracias por la visita, Lauri, puedes volver cuando quieras.

Es normal que quisiera volver a la cueva. Si ves el mundo con la perspectiva necesaria, te dan ganas de encerrarte de nuevo en la cueva. Aunque lo que de verdad querrías hacer es encerrarlos a todos ellos y campar -solo- por un mundo vacío.

Saludos lelos!!!

Lauri dijo...

Hola, Victor: ¡Gracias por devolverme la visita!
Tu visión del cuento es diferente a la del resto de los "opinadores", y me gusta, y es perfectamente posible.
Eso sí... se vé que las vacaciones te perduran en el alma, jaja!...¿habrás gozado de la paz de unas playas solitarias, quizás?
Mis saludos, ¡y bienvenido seas cuando gustes por aquí!

Galán de Barrio dijo...

el mundo cambia, uno cambia...

igual, reconozco que el aislarse tiene su lado interesante, con todo el atarctivo que tiene aislarse para luego volver...

besos lauri, bienvenid al barrio
podés guiarte más siguiendo als etiquetas de la galería de personajes :)

Leandro A. dijo...

gracias por leer y comentar. Tu cuento corto muy interesante, bien hecho. Te dejo un saludo, exitos.

Lauri dijo...

Hola, Galán:
Te cuento que entré a leerte desde lo de Sil, ¡me divierten con su intercambio de comentarios! Y debo decir que tu blog me ha gustado mucho, es de los que hay pocos en su estilo. Por supuesto iré leyendo de a poco las entradas anteriores, para ir conociendo mejor a los personajes, aunque como ya te dije, los relatos están bien logrados porque son interesantes individualmente también.
Gracias por pasar por acá!!! ¡Saludos!

Leandro:
Gracias por tu visita y por tus bonitas opiniones sobre el micro.
¡Nos seguimos viendo!

el Tomi dijo...

Entró en la gruta con la firme convicción de lavar sus pecados. Pero los pecados no se lavan desnudándose, ni bebiendo agua de manantial, ni concentrándose en paredes azules. Salió de la gruta mucho mas sucio que cuando entró. Lo que vio lo llenó de desconcierto, todo el mundo, además de pecador, ahora lo consideraba un prófugo. Entonces se entregó y lo metieron en la cárcel, de donde salió con la condena cumplida pero infinitamente mas sucio que de la cueva.

Lauri dijo...

Tomi: Y aquí tenemos una confirmación más de que lo tuyo no es "sólo" el dibujo...
Lacerante anverso del asceta, del cuento. Todo es posible, y no sé cuál de las dos alternativas es menos tremenda.
Gracias por la colaboración... una perlita...(negra,jaja!), y un gustazo tener a semejante creativo por acá!!!!!

Lidia M. Domes dijo...

Todo lo externo cambia... También la gruta de nuestro asceta...

La contemplación continua evita que podamos apreciar esos mínimos cambios.

En cuanto a lo interno, seguro que en lo profundo no tiene cambios. Pero no es fácil llegar a lo profundo!

Un abrazo Lauri! No había descubierto los microcuentos...