16 de septiembre de 2009

Aromas

Una foto, una canción, un paseo por determinado lugar, pueden recordarnos algo al instante. Pero un aroma, un olor, puede llevarnos a lugares insospechados encerrados en nuestra memoria, tan rápido como lo percibamos en nuestras narices, entregándonos sorpresas al instante.
El olfato es un sentido al que poco uso consciente le damos, generalmente preferimos evocar a la vista o al oído a la hora de reencontrarnos con nuestros recuerdos. Pero el olfato, en su ligereza, llega silencioso y poderoso con su bagaje de sensaciones incomparables.
Me sumerjo en la niñez, más precisamente me encuentro sentada en mi banco de la escuela, al sentir el olor al pan recién horneado proveniente de una panadería cercana. También llego sin darme cuenta a esos días irrepetibles al cortar el pasto, cuando mi olfato se deleita con ese olor a "verde fresco" tan preciado del verano. El perfume de un jazmín cualquiera que se me acerca flotando al caminar por alguna vereda, me transporta al patio de mi casa, mi casa la de mis padres, mi hogar donde me crié.
"El hogar está adonde uno quiere volver a toda costa -según palabras de mi madre-, aunque deje su alma en pedacitos dispersa en los nuevos hogares de los hijos", allí donde crecen los nuevos retoñitos, atesorando sus propios aromas en sus flamantes nuevos recuerdos.
Así, vuelvo en los momentos menos pensados mágicamente a esa epoca, a esa casa que "huele siempre a hogar", como decía mi amiga Maricelin, cuando al traspasar la puerta su olfato se encontraba con el aroma de una torta recién horneada.
Aquí, ahora, creo un nuevo mundo para mi hija chiquitita, le pinto recuerdos, le invento belleza, le regalo palabras, le canto canciones, le lleno el aire de perfumes para que lleve por toda su vida un lugarcito dentro suyo lleno de hermosos recuerdos... le brindo un hogar...