16 de octubre de 2009

Ardillas

El fin de semana pasado rescaté una ardillita.¡Sí! ¡Una pequeña ardilla!
Hasta hace unos años ignoraba la existencia de ardillas en Argentina, y las conocí con gran sorpresa y sin esperármelo, muy cerca de la gran ciudad, apenas a 70 km., en la localidad de Luján. La especie en cuestión es llamada "ardilla colorada". Son de hábitos arborícolas, sus nidos parecen de pájaros, hasta emiten un sonido similar al trino de las aves.
El caso es que tras una gran tormenta, la encontré caída en el suelo, mojada, y debilucha, y apenas podía moverse. Enseguida mi esposo y yo la pusimos en una cajita, envuelta en una tela, y la dejamos toda la tarde en la tibieza del sol, con la compañía curiosa de mi chiquitina Carolina. De a poco se fue recuperando, se secó, se acicaló con sus manitos provistas de grandes uñas... y durmió y durmió.
Al caer la tarde se me presentó la disyuntiva:  ¿Debería traerla a la ciudad en su cajita, siendo un animalito no domesticable? ¿O dejarla en su hábitat con el riesgo seguro de que la atraparan sus depredadores?
Resultado: Después de un largo camino en auto, llegó a casa, calentita y fortachona. Agrandamos su "piecita", pero con su gran habilidad trepadora se escapó y anduvo de paseo un rato por el comedor. Luego, mejor "guardada", volvió a dormir, rodeada de nueces y pedacitos de manzana.
Al otro día, desandamos el camino, y la llevamos de regreso a donde pertenece por naturaleza.
Al liberarla, nos quedamos mirándola para ver qué sucedía, y allí vino la gran sorpresa: antes de abandonar su casita provisoria, empezó a emitir su especie de trino, como si fuera un llamado de auxilio, y al instante recibió en respuesta uno similar proveniente de lo alto de las casuarinas. Después de un intercambio de llamados, apareció la que debe haber sido su madre, que muy cautelosamente bajó casi hasta el piso para buscarla, y entonces la pequeñita se animó y con sus renovadas fuerzas salió de su cuchita pàra trepar animosa a reencontrarse con su madre. Después, treparon juntas bien a lo alto, y yo... boquiabierta observando, feliz, emocionada, la maravilla que me obsequió la naturaleza.







*En la foto vertical, la última de la secuencia, lamentablemente apenas se ven las dos ardillas cuando se reencuentran, debido a que me encontraba lejos para no asustarlas, y esa es la máxima definición que me permitió el zoom de mi cámara. (La madre está cabeza para abajo y la chiquita subiendo)

1 de octubre de 2009

El luto y la moda

La moda en la vestimenta es algo que siempre me ha parecido frívolo. No obstante, me agraden sus dictados o no, mis hábitos a la hora de elegir mi indumentaria siempre están influídos por ella. De no ser así, en lugar de mis comodísimos pantalones estaría usando pollera, o túnica, ¡o nada! (como ya saben, algunos aborígenes van por la vida como Dios los trajo al mundo). Casi podría decirse que la moda es una costumbre arraigada colectivamente, en todos los seres humanos y en todas las épocas, que se diferencia de unos a otros según las culturas, idiosincracia, clima, etc., etc.
Pero éstas son sólo divagaciones mías, asi que voy a lo que quería contarles.
Leyendo unas revistas viejas, encontré algunas curiosidades acerca de cómo era la moda para lutos a  principios del siglo XX. Por ej., en la revista "Fray Mocho", en el año 1.912, un artículo publicitario ofrecía lo siguiente:
"Sombrero de granadina de seda,  de forma muy elegante y de mucha aceptación, adornado con una hebilla de azabache mate, y cuyo precio, a pesar de su esmerada confección y rica calidad no pasa de diecisite pesos -...- nos ha sido proporcionado por la importante y conocida casa Los Lutos. También publicamos un modelo de toca de alta novedad -...- , siendo muy indicadas para lutos de tíos y hermanos".                                                                                                                                                       Además nos cuenta que el taller de sombreros estaba dirigido por una modista contratada en París, fiel a la costumbre rioplatense de importar la moda europea.

 El aviso que vemos a la izquierda promociona a una autoproclamada modista de la corte inglesa, que tomaba pedidos en Buenos Aires, que por lo visto también era parte del staff de la casa "Los Lutos".
La foto inferior nos muestra zapatos de dama a la usanza de 1.910, y era frecuente que se encargaran a tiendas de Italia.
En aquella época, la viuda debía llevar sombrero, guantes, vestido, medias, alhajas y hasta la ropa interior, de color negro.
También se usaron crespones (velos que colgaban desde el sombrero), o tapados de seda en verano. Los niños llevaban brazaletes, y un gran moño en el cabello las niñas.
Las personas que concurrían al velorio, pero que no eran familiares directos, no estaban obligados a vestir rigurosamente de negro, pero el no hacerlo estaba mal visto.
Hoy en día, casi en la totalidad de nuestra sociedad,
la moda ya no 
nos influye a la hora
de ir a un velatorio. Sin embargo, comanda casi todo
el resto; no sólo importa el vestuario que tengamos,
sino elpeinadalamoda, lacasaalamoda, 
losmueblesalamoda, elautoalamoda,
materialdelecturaalamoda, músicaalamoda,
practicardeportesalamoda, hablaralamoda,
ser-y-estar-a-la-moda... 
                    ¡¡¡¡¡AAAAAHHHHH!!!!!